Niños y Adolescentes, como afrontar las dificultades? parte I

manitosSolemos pensar que la infancia es, o debería ser,  un territorio libre de padecimientos, un paraíso de inocencia y alegría que se pierde con la llegada a la edad adulta. Sin embargo los que nos dedicamos a la educación, cuidado y protección y a la salud mental nos encontramos de forma constante y cada vez más, con una amplia gama de problemas y padecimientos que se presentan en la infancia y adolescencia.

Estos conflictos pueden afectar en forma intensa solo a padres, cuidadores y /o profesores que son los que toman conciencia del malestar y sufren sus consecuencias o también a los propios menores. Cada uno asimila de forma diferente el problema e intenta solucionarlo o convivir con el.

Los niños /adolescentes se enfrentan en su desarrollo con sentimientos de inadecuación,  angustia, pueden tener conductas disruptivas que van desde la inquietud a la agresividad y violencia, dificultades de aprendizaje, miedos, falta de atención, entre muchas otras.

Lo que tienen en común estas problemáticas es que sin duda ponen a prueba al adulto , causando la mayoría de las veces sensación de impotencia e incluso culpa “no he sabido hacerlo”, “ya no puedo hacer más” y por otra parte la inevitable rotulación del niño o joven  como “problemático”, “lento”,  “vago”, “corto”, “malo” y ¿porqué no? hiperactivo, diagnóstico que actualmente se extiende a cualquier niño que no se adapte a la quietud e interés   que las tareas escolares requieren. Debo remarcar que estas etiquetas que pueden parecer exageradas o de otra época,  las he escuchado en muchísimas ocasiones en el ámbito clínico y escolar y lo que es más complejo, a veces no se enuncian verbalmente pero representan el lugar que ocupa el niño en la familia o la escuela, siendo aun más efectivas. ¿Es esto un maltrato? ¿Un error de los familiares y profesores? No lo veo así, veo la etiqueta como una forma de poner nombre a la angustia e incertidumbre que produce no saber que hacer con el malestar de un niño.

 

Ante todo una buena manera de comenzar a cambiar de perspectiva y por tanto a abordar y solucionar los problemas infantiles es des-idealizar la infancia /adolescencia y el rol de padre y maestro. No existen padres , ni niños, ni docentes perfectos ni constantemente felices.  Si asumimos  la conflictividad de las etapas del desarrollo, gestionaremos los problemas con mayor calma, menos presión e incluso podremos plantearnos que son una oportunidad de aprendizaje.

 El proceso de adaptación al mundo no es fácil, implica la renuncia a nuestros impulsos mas básicos e incluso a nuestras necesidades,  para poder integrarnos a una sociedad cargada de exigencias, normas y restricciones. Los adultos olvidamos casi completamente cuanto nos han costado las adquisiciones elementales como el control de esfínteres, la aceptación de ciertos alimentos o estarnos sentados haciendo una actividad. Por eso esperamos con total naturalidad que los niños  y jóvenes respondan a estas y otras exigencias mucho más complejas como si vinieran con la información genética.

Otras cosa que no nos viene dada genéticamente es como ser padres, como educar , como acoger y por lo tanto los fallos, dudas y tropiezos forman parte de un proceso de crecimiento de niños y adultos. No debemos pensar que somos los únicos que nos encontramos en situaciones críticas, estas forman parte del desarrollo.

¿Quiere decir entonces que  no debemos resolverlas? No, claro que debemos preguntarnos que está pasando, pero con una mirada compasiva hacia el niño/adolescente y hacia nosotros mismos. Compasiva no quiere decir permisiva , sobre-protectora, sino que la culpabilización de unos y otros no conduce a ninguna parte.

El cambio de una situación problemática no requiere un culpable ni una víctima, requiere la intervención de adultos responsables , que tomen decisiones coherentes y que todos los implicados en el problema funcionen como un equipo con un objetivo común: guiar  el crecimiento de una persona.

CARME THIÓ DE POL . Artículo, en EL PUBT avui

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